La ciencia sin límites ha desaparecido el derecho a la privacidad, incluso aquella que se alojaba en nuestro cerebro. La Inteligencia Artificial se posiciona no como un relato, sino como una realidad que podría ser causa de sociedades distopicas capaces de justificar la transgresión neural de los ciudadanos.
Los teléfonos móviles son dispositivos con amplias posibilidades de ser vulnerados y transmitir gran cantidad de información de sus usuarios. Además, debido a que se trata de plataformas con acceso a aplicaciones, éstas comparten todo tipo de datos acerca de las conductas personales a empresas como Google, Apple o Facebook.
Sería de particular importancia que la Comisión Nacional de Bioética, promoviera el dialogo en relación con los neuroderechos, los ciberderechos y los delitos asociados como tema prioritario. Un dato relevante es que México ocupa el tercer lugar a nivel mundial en ciberdelitos; la suplantación y el robo de identidad representan el 68% de estos delitos, mientras el 17% corresponde a hackeos.
Los neuroderechos o ciberderechos no existen en el panorama de las investigaciones asociadas a la bioética en el país, es necesario generar definiciones para que de manera normativa se solucione el problema creado. Tal sesgo pone en riesgo la intimidad neural, y su violación repercute en la perdida de derechos básicos como la salud, el trabajo o la privacidad.
Ante un escenario en el que se presume posible descifrar los pensamientos de las personas, es importante generar un marco legal que limite el avance científico y tecnológico ante el uso de las neurotecnologias capaces de transgredir la privacidad neural.

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